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    B00CMDZOCW EBOK

    Page 30
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      EL GUSANO

      Demos gracias por nuestra pobreza, dijo el tipo vestido con harapos.

      Lo vi con este ojo: vagaba por un pueblo de casas chatas,

      hechas de cemento y ladrillos, entre México y Estados Unidos.

      Demos gracias por nuestra violencia, dijo, aunque sea estéril

      como un fantasma, aunque a nada nos conduzca,

      tampoco estos caminos conducen a ninguna parte.

      Lo vi con este ojo: gesticulaba sobre un fondo rosado

      que se resistía al negro, ah, los atardeceres de la frontera,

      leídos y perdidos para siempre.

      Los atardeceres que envolvieron al padre de Lisa

      a principios de los cincuenta.

      Los atardeceres que vieron pasar a Mario Santiago,

      arriba y abajo, aterido de frío, en el asiento trasero

      del coche de un contrabandista. Los atardeceres

      del infinito blanco y del infinito negro.

      Lo vi con este ojo: parecía un gusano con sombrero de paja

      y mirada de asesino

      y viajaba por los pueblos del norte de México

      como si anduviera perdido, desalojado de la mente,

      desalojado del sueño grande, el de todos,

      y sus palabras eran, madre mía, terroríficas.

      Parecía un gusano con sombrero de paja

      ropas blancas

      y mirada de asesino

      Y viajaba como un trompo

      por los pueblos del norte de México

      sin atreverse a dar el paso

      sin decidirse

      a bajar al D.F.

      Lo vi con este ojo

      ir y venir

      entre vendedores ambulantes y borrachos

      temido

      con el verbo desbocado por calles

      de casas de adobe

      Parecía un gusano blanco

      con un Bali entre los labios

      o un Delicados sin filtro

      Y viajaba de un lado a otro

      de los sueños

      tal que un gusano de tierra

      arrastrando su desesperación

      comiéndosela

      Un gusano blanco con sombrero de paja

      bajo el sol del norte de México

      en las tierras regadas con sangre y palabras mendaces

      de la frontera, la puerta del Cuerpo que vio Sam Peckinpah

      la puerta de la Mente desalojada, el puritito

      azote, y el maldito gusano blanco allí estaba

      con su sombrero de paja y su pitillo colgando

      del labio inferior, y tenía la misma mirada

      de asesino de siempre.

      Lo vi y le dije tengo tres bultos en la cabeza

      y la ciencia ya no puede hacer nada conmigo.

      Lo vi y le dije sáquese de mi huella so mamón

      la poesía es más valiente que nadie

      las tierras regadas con sangre me la pelan, la Mente desalojada

      apenas si estremece mis sentidos.

      De estas pesadillas sólo conservaré

      estas pobres casas

      estas calles barridas por el viento

      y no su mirada de asesino

      Parecía un gusano blanco con su sombrero de paja

      y su pistola automática debajo de la camisa

      y no paraba de hablar solo o con cualquiera

      acerca de un poblado que tenía

      por lo menos dos mil o tres mil años

      allá por el norte cerca de la frontera

      con los Estados Unidos

      un lugar que todavía existía

      digamos cuarenta casas

      dos cantinas

      una tienda de comestibles

      un pueblo de vigilantes y asesinos

      como él mismo,

      casas de adobe y patios encementados

      donde los ojos no se despegaban

      del horizonte

      (de ese horizonte color carne

      como la espalda de un moribundo)

      ¿Y qué esperaban que apareciera por allí?, pregunté

      El viento y el polvo, tal vez

      Un sueño mínimo

      pero en el que empeñaban

      toda su obstinación, toda su voluntad

      Parecía un gusano blanco con sombrero de paja y un Delicados

      colgando del labio inferior

      Parecía un chileno de veintidós años entrando en el Café La Habana

      y observando a una muchacha rubia

      sentada en el fondo,

      en la Mente desalojada

      Parecían las caminatas a altas horas de la noche

      de Mario Santiago

      En la Mente desalojada

      En los espejos encantados

      En el huracán del D.F.

      Los dedos cortados renacían

      con velocidad sorprendente

      Dedos cortados, quebrados, esparcidos

      en el aire del D.F.

      THE WORM

      Let us give thanks for our poverty, said the guy dressed in rags.

      I saw him with my own eyes: drifting through a town of flat houses,

      built of brick and mortar, between the United States and Mexico.

      Let us give thanks for our violence, he said, even if it’s futile

      like a ghost, even if it leads to nothing,

      just as these roads lead nowhere.

      I saw him with my own eyes: gesturing over a rosy background

      that resisted the black, ah, sunset on the border,

      glimpsed and lost forever.

      Sunsets that enveloped Lisa’s father

      at the beginning of the fifties.

      Sunsets that gave witness to Mario Santiago,

      up and down, frozen stiff, in the backseat

      of a contrabandist’s car. Sunsets

      of infinite white and infinite black.

      I saw him with my own eyes: he looked like a worm with a straw hat

      and an assassin’s glare

      and he traveled through the towns of northern Mexico

      as if wandering lost, evicted from the mind,

      evicted from the grand dream, everyone’s dream,

      and his words were, madre mía, terrifying.

      He looked like a worm with a straw hat

      white clothes

      and an assassin’s glare

      And he traveled like a fool

      through the towns of northern Mexico

      without daring to yield

      without choosing

      to go down to Mexico City

      I saw him with my own eyes

      coming and going

      with traveling vendors and drunks

      feared

      shouting his promises through streets

      lined with adobes

      He looked like a white worm

      with a Bali between his lips

      or an unfiltered Delicados

      And he traveled from one side to the other

      of dreams

      just like an earthworm

      dragging his desperation

      devouring it

      A white worm with a straw hat

      under the northern Mexican sun

      in soils watered with blood and the mendacious words

      of the frontier, the gateway to the Body seen by Sam Peckinpah

      the gateway to the evicted Mind, the pure little

      whip, and the damned white worm was right there

      with his straw hat and cigarette hanging

      from his lower lip, and he had the same assassin’s

      glare, as always.

      I saw him and told him I have three lumps on my head

      and science can no longer do a thing for me.

      I saw him and told him get out of my tracks, you prick

      poetry is braver than anyone

      the soils watered with blood can suck my dick, the evicted Mind

      hardly rattles my senses.

      From these nightmares I’ll retain only

      these poor houses

      these wind-swept streets

    &nbs
    p; and not your assassin’s glare

      He looked like a white worm with his straw hat

      and a handgun under his shirt

      and he never stopped talking to himself or with whomever

      about a village

      at least two or three thousand years old

      up there in the North, next to the border

      with the United States

      a place that still existed

      only forty houses

      two cantinas

      and a grocery store

      a town of vigilantes and assassins

      like he himself,

      adobe houses and cement patios

      where one’s eyes were forever hitched

      to the horizon

      (that flesh-colored horizon

      like a dying man’s back)

      And what did they hope to see appear there? I asked

      The wind and dust, maybe

      A minimal dream

      but one on which they staked

      all their stubbornness, all their will

      He looked like a white worm with a straw hat and a Delicados

      hanging from his lower lip

      He looked like a twenty-two-year-old Chilean walking into Café la Habana

      and checking out a blonde girl

      seated in the back,

      in the evicted Mind

      They looked like the midnight walks

      of Mario Santiago

      In the evicted Mind

      In the enchanted mirrors

      In the hurricane of Mexico City

      The severed fingers were growing back

      with surprising speed

      Severed fingers, fractured, scattered

      in the air of Mexico City

      ATOLE

      Vi a Mario Santiago y Orlando Guillén

      los poetas perdidos de México

      tomando atole con el dedo

      En los murales de una nueva universidad

      llamada Infierno o algo que podría ser

      una especie de infierno pedagógico

      Pero os aseguro que la música de fondo

      era una huasteca veracruzana o tamaulipeca

      no soy capaz de precisarlo

      Amigos míos era el día en que se estrenaba

      «Los Poetas Perdidos de México»

      así que ya se lo pueden imaginar

      Y Mario y Orlando reían pero como en cámara lenta

      como si en el mural en el que vivían

      no existiera la prisa o la velocidad

      No sé si me explico

      como si sus risas se desplegaran minuciosamente

      sobre un horizonte infinito

      Esos cielos pintados por el Dr. Atl, ¿los recuerdas?

      sí, los recuerdo, y también recuerdo las risas

      de mis amigos

      Cuando aún no vivían dentro del mural laberíntico

      apareciendo y desapareciendo como la poesía verdadera

      esa que ahora visitan los turistas

      Borrachos y drogados como escritos con sangre

      ahora desaparecen por el esplendor geométrico

      que es el México que les pertenece

      El México de las soledades y los recuerdos

      el del metro nocturno y los cafés chinos

      el del amanecer y el del atole

      ATOLE

      I saw Mario Santiago and Orlando Guillén

      Mexico’s lost poets

      suckered by atole

      In the murals of a new university

      called Hell or what could be

      a kind of pedagogical hell

      But, I assure you all, the background music

      was Huasteca from Veracruz or Tamaulipas

      I can’t put my finger on it

      My friends, it was the day they premiered

      “Mexico’s Lost Poets”

      so you can imagine it now

      And Mario and Orlando were laughing as if in slow motion

      as if in the mural where they lived

      velocity and haste did not exist

      I’m not sure I’m explaining myself

      as if their laughs were unfolding infinitesimally

      over a never-ending horizon

      Those skies painted by Dr. Atl, remember?

      yes, I remember them, and I also remember the laughter

      of my friends

      Before they were living inside the labyrinthine mural

      appearing and disappearing like true poetry

      that which the tourists now visit

      Drunk and stoned as if written in blood

      now they disappear into the geometric glory

      that is the Mexico to which they belong

      The Mexico of solitude and memories

      of the late night subway and Chinese cafés

      of dawn and of atole

      LA LUZ

      Luz que vi en los amaneceres de México D.F.,

      En la Avenida Revolución o en Niño Perdido,

      Jodida luz que dañaba los párpados y te hacía

      Llorar y esconderte en alguno de aquellos buses

      Enloquecidos, aquellos peseros que te hacían viajar

      En círculos por los suburbios de la ciudad oscura.

      Luz que vi como una sola daga levitando en

      El altar de los sacrificios del D.F., el aire

      Cantado por el Dr. Atl, el aire inmundo que

      Intentó atrapar a Mario Santiago. Ah, la jodida

      Luz. Como si follara consigo misma. Como si

      Se mamase su propia vulva. Y yo, el espectador

      Insólito, no sabía hacer otra cosa que reír

      Como un detective adolescente perdido en las calles

      De México. Luz que avanzaba de la noche al día

      Igual que una jirafa. Luz de la orfandad encontrada

      En la vacía e improbable inmensidad de las cosas.

      THE LIGHT

      Light I saw at daybreak in Mexico City,

      On Avenida Revolución or Niño Perdido,

      Fucking light that hurt your eyelids and made you

      Cry and hide in one of those crazy

      Buses, those minibuses that took you around

      In circles through the suburbs of the dark city.

      Light I saw like a single dagger levitating on

      The sacrificial altar of Mexico City, the air

      Sung by Dr. Atl, the filthy air that

      Tried to capture Mario Santiago. Ah, the fucking

      Light. As if taking its own side. As if

      Sucking its own vulva. And I, the uncommon

      Spectator, didn’t know how to do anything but laugh

      Like a teenage detective lost on the streets

      Of Mexico. Light advancing from night to day

      Like a giraffe. Light of orphanhood found

      In the empty and improbable immensity of things.

      NOPAL

      Vio el nopal, pero allí, tan lejos,

      no debía ser sino un sueño.

      De entre la neblina surgían: formas

      redondas y blandas, repetidas,

      en una larga marcha de un sueño

      a otro sueño,

      conteniendo, en sus formas de espejo y uña,

      la imagen fulgurante

      de un adolescente solo,

      de pie, con los brazos extendidos,

      mientras en el horizonte interminable de México

      aparecían las tormentas.

      Pero sobreviviría.

      Y al igual que los nopales de los precipicios

      su vida se suspendería en el sueño

      y la monotonía

      a intervalos irregulares y durante mucho tiempo.

      Pero eso no era lo importante.

      Importaban los nopales

      y allí estaban otra vez:

      de entre sus lágrimas surgían.

      PRICKLY PEAR

      He saw the prickly pear, but so far off

      it must have been just a dream.

      They were rising from the mist: round

      and tender shapes, multiplied


      over the long walk from one dream

      to another dream,

      containing, in their mirror and fingernail shapes,

      the blazing image

      of a lonely teenager,

      standing, with arms outstretched,

      while storms appeared

      on the endless Mexican horizon.

      But he would survive.

      And just like prickly pears on precipices

      his life would be suspended in dreams

      and monotony

      at irregular intervals and for a very long time.

      But that wasn’t the important part.

      The prickly pears were important

      and there they were again:

      rising from his tears.

      EL ÚLTIMO CANTO DE AMOR DE PEDRO

      J. LASTARRIA, ALIAS «EL CHORITO»

      Sudamericano en tierra de godos,

      Éste es mi canto de despedida

      Ahora que los hospitales sobrevuelan

      Los desayunos y las horas del té

      Con una insistencia que no puedo

      Sino remitir a la muerte.

      Se acabaron los crepúsculos

      Largamente estudiados, se acabaron

      Los juegos graciosos que no conducen

      A ninguna parte. Sudamericano

      En tierra más hostil

      Que hospitalaria, me preparo

      Para entrar en el largo

      Pasillo incógnito

      Donde dicen que florecen

      Las oportunidades perdidas.

      Mi vida fue una sucesión

      De oportunidades perdidas,

      Lector de Catulo en latín

      Apenas tuve valor para pronunciar

      Sine qua non o Ad hoc

      En la hora más amarga

      De mi vida. Sudamericano

      En hospitales de godos, ¿qué hacer

      Sino recordar las cosas amables

      Que una vez me acaecieron?

      Viajes infantiles, la elegancia

      De padres y abuelos, la generosidad

      De mi juventud perdida y con ella

      La juventud perdida de tantos

      Compatriotas

      Son ahora el bálsamo de mi dolor,

      Son ahora el chiste incruento

      Desencadenado en estas soledades

      Que los godos no entienden

      O que entienden de otra manera.

      También yo fui elegante y generoso:

      Supe apreciar las tempestades,

      Los gemidos del amor en las barracas

      Y el llanto de las viudas,

      Pero la experiencia es una estafa.

      En el hospital sólo me acompañan

      Mi inmadurez premeditada

      Y los resplandores vistos en otro planeta

      O en otra vida.

      La cabalgata de los monstruos

      En donde «El Chorito»

      Tiene un papel destacado.

      Sudamericano en tierra de

     


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